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El Inmaculado Corazón de María: historia de una devoción

Una devoción difundida en el s. XVII

Aunque antes del s.XVII había cierta devoción privada a los Sagrados Corazones (la vemos en San Bernardino de Siena, y en San Francisco de Sales), fue el religioso francés San Juan Eudes (1601-1680) quien logró llevar a la liturgia oficial de la Iglesia esta devoción. La fiesta del Inmaculado Corazón de la Madre de Dios se celebró por primera vez en 1648 y la del Sagrado Corazón de Jesús en 1672. En 1909, el Papa San Pío X llamó a Eudes «padre, doctor y apóstol de los cultos litúrgicos a los Sagrados Corazones de Jesús y María».

Santos misioneros del s.XIX como San Antonio María Claret impulsaron mucho esta devoción mariana (el nombre oficial de los claretianos es «Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María»).

También las apariciones de Fátima la reforzaron. En su segunda aparición, el 13 de junio de 1917, la Virgen dijo: «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace le prometo la salvación; y serán amadas de Dios estas almas, como flores puestas por mí para adornar su trono». En 1925, en Pontevedra, el Niño Jesús y la Virgen volvieron a aparecerse a Sor Lucia para pedir la devoción al Inmaculado Corazón de María, a través de la devoción de los primeros sábados de mes (cinco consecutivos), prometiendo la salvación a las almas que la practiquen.

En 1942, en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María. Dos años después, aún en la Guerra Mundial, la fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María «la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes».

San Juan Pablo II después estableció que la conmemoración litúrgica del Inmaculado Corazón de María sería de naturaleza «obligatoria» y no «opcional».

San Juan Eudes recordaba: «No debe separarse lo que Dios ha unido tan perfectamente. Están tan juntos Jesús y María que quien contemple a Jesús ve a María; quienquiera que ame a Jesús, ama a María; toda persona devota de Jesús, es devota de María!»

Historia del ícono del Inmaculado Corazón de María de IPLyCEA

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