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San José y el Espíritu Santo. EXTRACTO del libro «San José, mi Padre Virginal»

Si hablamos del hijo adoptivo privilegiado ante el Padre, si hablamos de José como participante y colaborador en la obra de la Encarnación, para que se cumpliese el designio amoroso de Dios; también hemos de decir que él estaba de manera directa, en manos del Espíritu santificador, porque el oficio o ministerio que iba a cumplir era sumamente delicado y de gravísima responsabilidad. Es por ello que el Divino Amor, lo toma de manera tan propia y singular en sus brazos, para que en él pudiesen desarrollarse los designios eternos. Para hablar de ello, tendríamos que hacer espacio a los grandes avances que realiza el Espíritu en un alma generosa y bien dispuesta, como sin duda fue el alma de San José. Santificado, como vimos, de manera singular, el Divino Amor encontraba las mejores disposiciones espirituales en este varón justo y prudente.

La Escritura resalta las condiciones de santidad del alma de José; le llama varón justo [Cfr. Mt 1, 19]; no tan sólo entendido en términos legales, sino fundamentalmente en el sentido bíblico; en efecto, justo también es equivalente a santo.

Para hablar de la santificación de San José, obra plena del Espíritu de Dios en él, debemos hacer la distinción entre las gracias que el fiel puede recibir; estas son: las gracias que hacen grato (gratum facientes), las gratis dadas y los privilegios singulares.

La gracia gratum faciens, constituye la santidad esencial, y es la que nos santifica y nos ordena a la unión con Dios como fin último, es la gracia que recibimos con el santo bautismo y es la que nos hace amables ante Dios. Ella nos sobre eleva, no sólo nos incorpora a Jesús, sino que además nos hace cristi-conformes, nos transforma en Él, nos hace similares a Él. La acción de la gracia es hacernos conformes a la imagen del hombre nuevo en Jesucristo. Esta obra, que el Espíritu Santo va realizando en cada uno, la realizó con premura y privilegio en San José, penetrando con su acción, en la sustancia de su alma, y sobre elevándola para que ella misma por medio de sus potencias, vaya actuando de manera sobrenatural. Algunos de los Padres llamaban al Espíritu Santo el Divino iconógrafo, es decir aquel artista [Escritor de Íconos es la expresión que se usa en el Oriente Cristiano], pintor −mejor escritor− de imágenes, que con su arte y por medio de la gracia creada, va haciendo de cada uno algo semejante a la imagen prototípica es decir, va obrando la semejanza del Divino modelo que es Jesucristo [Cfr. Rm 13, 14; Col 3, 10].

No existe otro modelo para la humana naturaleza que aquel creado en Jesucristo, el hombre perfecto [Cfr. Ef 4, 13]; por eso la acción del Espíritu Santo, será hacer de todos, incluso de San José, una semejanza conforme a Cristo respetando por cierto también, la propia naturaleza personal –en este caso de José–, conforme al proyecto que Dios tiene designado. Dios obrará el mundo sobrenatural respetando su obra creadora natural. La gracia –reza un adagio conocido–, supone la naturaleza. El suponerla significa que, para Dios, José, con todas sus propiedades naturales heredadas de sus padres, es absolutamente respetado; así, por ejemplo: talentos naturales en general, temperamento, etc…

En la división clásica de los temperamentos, por ejemplo, como condición natural tenemos el temperamento melancólico. Si bien, en general no se dan ellos de manera pura, sino con mezcla de otros, sin embargo, nos atreveríamos a aventurarnos en decir que José pertenecería con preponderancia, a esta referencia temperamental. Un hombre melancólico es un hombre que vive intensamente las cosas hacia adentro, es muy proclive a madurar muchísimos pensamientos, resulta profundo a la hora de hablar y de emitir juicios. Pero esto para nada significa que sea apocado. Pensamos que José no era atolondrado, ni inconsiderado en sus juicios, y por ende tampoco en sus resoluciones que son consecuencia de sus acertados juicios prudenciales.

Pero, al referirnos de su temperamento, no tenemos ningún fundamento en la Escritura para este juicio, tan sólo quizás podríamos servirnos de aquel momento en el cual José se encuentra con aquella terrible prueba, de aceptar o no a María con su embarazo. Todo ello lo habrá tenido sumido en sus profundos pensamientos. Nos atrevemos también a esta aserción porque José aparece siempre oculto, silencioso; muy propio de este talante temperamental. Además, la mayoría de la iconografía clásica, lo coloca en el pesebre de Belén, como llevándose la mano al mentón, queriéndose expresar su sentido contemplativo. Sí, en efecto José era contemplativo por antonomasia, y por eso mismo muy callado y reservado, y esta manera de ser, muchas veces es coincidente con el temperamento melancólico.

Decíamos que la gracia que nos sobre eleva, y nos hace parecidos a Cristo, también corrige todo aquello que el natural tiene de imperfección. Si San José fue santificado en el seno de su madre, con privilegio; o de lo contrario, desde su temprana edad, sea cual fuese la opinión teológica; fue creciendo enormemente en este asemejarse al prototipo de la perfección, que como sabemos, vendría luego con la Encarnación del Verbo: el hombre perfecto. La gracia santificante no conoce otra forma de actuar que hacernos conforme a la imagen del hombre nuevo traída como verdadera novedad al mundo por Jesús. Sería pues una anticipación de esta gracia en José, que lo va asemejando en la santidad al Hijo de Dios hecho hombre. Por supuesto que, si bien esto se dio en él en su época infantil y juvenil, mucho más en el momento que se acercaría la plenitud de los tiempos, donde el misterio de la Encarnación se haría presente, y muchísimo más desde este misterio en adelante, donde José participa tan cercanamente de él, siendo el tutor y nutricio de Jesús infante y joven. Si el estar cerca de los santos, nos santifica, pensemos cuánto más estar cerca de Jesús y de María. Ahora, existe una sola tipología de santidad, y esta es asemejarnos a Cristo. En realidad, todos los santos muestran algo del multifacético rostro de la Santidad del Señor.

Él, José, estaba santificado desde temprana edad, como lo hemos referido un poco más arriba. Esto significa que su alma y cuerpo, se trasformaron pronto en templo del Espíritu Divino. Con esta Gracia increada, en el alma, y con la acción sublime y amorosa del divino amor, el alma de José se llenó de la miel de la gracia que lo llenaba todo. De tal manera que, en temprana edad, avanzó por el camino de la santidad a grandes pasos. Evidentemente la gracia nos incorpora a Jesucristo y nos va perfeccionando conforme encuentra la disponibilidad adecuada en el sujeto. En San José, la gracia pudo actuar plenamente, porque no encontró en él obstáculos. La gracia nos la ha ganado Jesucristo con su Misterio Pascual; cabe preguntarse: ¿Cómo puede adelantársele a José la gracia que lo perfecciona y lo hace similar a su modelo? Siempre quedará en el misterio una respuesta adecuada, pero sabemos que a María Santísima se le adelanta la gracia de Cristo, merecida por Él en la Cruz para toda la Humanidad, y de esta manera Ella, queda preservada del pecado original, por los méritos infinitos del futuro Salvador. No fue de idéntica forma en José, él no queda preservado del contagio del pecado original, pero sí prontamente santificado. La gracia de Dios llega a nosotros con la comunicación del Espíritu Santo, del Espíritu de la Verdad, que mora plenamente en Jesús, y que es su Espíritu, y esta comunicación nos justifica y vivifica, nos renueva, espiritualiza y santifica, no con la misma santidad con que el divino Consolador es eterna y absolutamente Espíritu Santo, sino con la que, animados de Él, quedamos vivificados, renovados, santificados y hechos espirituales. De esta manera sucedió en San José, nada más que para él esta gracia, gracia que nosotros recibimos por el bautismo y es nuestra tarea aquilatarla a lo largo de la vida, se le adelanta y lo conforma a Jesús, lo va haciendo cristi-conforme.

[…]

San Pablo señala que somos templos del Espíritu, en nuestros cuerpos, pero también lo somos por nuestra alma. En realidad, la inhabitación del Espíritu es en el alma y por redundancia como el alma es forma sustancial del cuerpo, pues entonces, está también en el cuerpo como en su propio templo. Podemos imaginar, con qué gusto el Espíritu, se encontraría en este templo tan propicio para la santidad; pensemos cuántas glorificaciones, victimaciones, cánticos de acción de gracias y de alabanzas, habrán sido improvisados y elevados desde este corazón inefable; en efecto, desde este altar, desde este suntuoso templo que fue José, obra construida por obra humana sólo en parte, pero sobre todo obra de la acción ministerial del Espíritu adelantándose en él la obra pascual, se habrán elevado miles de oraciones y ofrecimientos de amor como desde un altar donde se entregan continuamente las víctimas.

El Espíritu siempre inundó el alma del justo José, y por cierto acompañó toda su vida iluminándole, aconsejándole, fortaleciéndole, haciendo de él un hombre piadoso y justo, para que pudiese de veras cumplirse los designios de la Providencia divina. Este hombre lleno de vida sobrenatural por lo mismo que vivía de Dios y Dios habitaba en él, se había trasformado, por la gracia, en la sede privilegiada de la Santísima Trinidad. Cuán acertadas son las palabras de Suárez en su libro cuando dice: “Con un criterio cristiano que permita ver los hechos con esa tercera dimensión que da la visión sobrenatural, José se nos aparece como la persona más unida (después de la Virgen) a la Santísima Trinidad. Sobre él recayó –en palabras de Pío IX– ‛la misión de custodiar la virginidad, la santidad de María; la misión de cooperar, único llamado a participar del conocimiento del gran misterio escondido a los siglos, en la Encarnación divina y en la salvación del género humano’” [F. Suárez, José, Esposo de María, ed. De C. V., México, 1983, p. 20].

De «San José, mi Padre Virginal», del R. P. Ricardo Coll Mónico. A.I.C.; cap. I, Primera mirada: san José en la Trinidad

Una respuesta a “San José y el Espíritu Santo. EXTRACTO del libro «San José, mi Padre Virginal»”

  1. Avatar de Maki Gonzalez
    Maki Gonzalez

    donde lo puedo adquirir…hará la presentación del libro ? Si es así Cuando y donde …..Bendiciones .

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