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DE PROXIMA APARICIÓN: «Corazón manso y humilde», del Padre Ricardo Coll (extracto)

En este mes se presentará el nuevo libro del Padre Ricardo Coll Mónico sobre san José. Y ya está en preparación otro sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Se trata de un comentario a las Letanías que hiciera en su honor san Juan Eudes. La finalidad es fomentar la devoción al Corazón del Divino Salvador en este Jubileo por los 350 años de las apariciones de Nuestro Señor a santa Margarita María de Alacoque en Paray-le-Monial, Francia. De esta obra en preparación extractamos algunas páginas, con anuencia del autor, mientras esperamos la aparición de la obra.

Ediciones IPLyCEA

Dios preparó algo fuera de sí que sea lo más puro, lo más semejante a Él, por eso pensó algo luminoso, algo cristalino, algo en lo cual se admire la misma Trinidad, alguien llena de Dios mismo, y además alguien que siendo toda referente a Dios explote las máximas condiciones de su ser creado y santificado. Entonces creó a María, la llena de gracia, la toda relativa a Dios, huerto cerrado, Virgen integérrima, para que de Ella pudiera surgir el más precioso de los Frutos, su Hijo…El Inmaculado Corazón de María es la carne santificada, llena de virtudes y dones, llena de prerrogativas divinas, para que desde esta raíz pura, naciera el vástago de David…En Ella es todo perfección, para que pueda ser en su Hijo; en Ella es pureza sin mancha alguna, para que pueda serlo su Hijo; en Ella todo bien, para que pudiera sobrevenir a la humanidad el infinito Bien.

Huerto cerrado, «hortus conclusus», como símbolo de la virginidad de María, está inspiración medieval surge, en un pasaje del Cantar de los Cantares, Hortus conclusus soror mea sponsa hortus conclusus fons signatus / Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa, jardín cerrado, fuente escondida (Can 4, 12). En la obra de los iluminadores en los códices, salterios y manuscritos, el «hortus conclusus» (en la iconografía tradicional del jardín simbólico).

San Jerónimo escribió una carta famosa contra Joviniano (Adversus Iovinianum), donde aplica a María las palabras del Cantar de los cantares y dice: “Mi hermana, mi esposa, es un jardín cerrado, una fuente sellada (Can 4, 12) y dice: Cristo es Virgen y la madre de él Virgen es Virgen también para siempre, es Virgen y Madre” (Carta 49).

San Ambrosio sobre la virginidad perpetua de María, dice: “Que escuchen el símbolo (Credo) de los apóstoles que la Iglesia romana guarda y custodia intacto… Ésta es la virgen que concibió en su seno, ésta es la virgen que dio a luz un hijo… Porque Isaías no dijo solamente que una virgen concebiría, sino también que daría a luz un hijo. Ahora bien, ella es la puerta del santuario, la puerta oriental que permanece siempre cerrada y de la que se dice que nadie atravesará, sino solamente el Dios de Israel (Ez 44,2). Ésta es la puerta bendita de María; de ella se escribió: El Señor pasará a través de ella y se cerrará después de su paso, porque concibió virgen y dio a luz siendo virgen” (Carta 42). Y la llamaba la siempre Virgen (aeiparthenos en griego).

Con sin igual pluma San Efrén le canta así a María: “Cantaré (Oh Señora) por tus gracias/himnos elegidos/a la Virgen que llegó a ser/Madre de una manera prodigiosa,/Virgen, y, sin embargo, Madre./Concebido sin unión/y engendrado sin corrupción; /en el cielo sin madre,/ en la tierra sin padre/ Ella es el campo que nunca tuvo quien la sembrase/Y, sin embargo, de ella germinó el manojo de bendición/ Y dio sin semilla el fruto al mundo/“.

«¿Cómo hubiera sido posible que aquella que fue morada del Espíritu, que estuvo cubierta con la sombra del poder de Dios, se convirtiera en una mujer de un mortal y diese a luz en el dolor, según la primera maldición?…Una mujer que da a luz con dolores no podría ser llamada bienaventurada. El Señor que entró con las puertas cerradas, salió así del seno virginal, porque esta virgen dio a luz realmente pero sin dolor” (Diatessaron, 2,6: SC 121,69-70).

Y también canta el mismo autor:

“El Señor vino a ella/para hacerse siervo. El Verbo vino a ella para callar en su seno. El rayo vino a ella para no hacer ruido. El pastor vino a ella,/y nació el Cordero, que llora dulcemente. El seno de María/ha trastocado los papeles:/ Quien creó todo/se ha apoderado de él, pero en la pobreza. El Altísimo vino a ella (María),/pero entró humildemente./El esplendor vino a ella,/pero vestido con ropas humildes. Quien todo lo da/experimentó el hambre./Quien da de beber a todos sufrió la sed./Desnudo salió de ella,/quien todo lo reviste (de belleza)” (Himno «De Nativitate» 11, 6-8).

Escribe San Agustín: “Convenía que nuestra cabeza, por un milagro extraordinario, naciese corporalmente de una virgen, a fin de dar a entender que sus miembros nacerían, espiritualmente, de la Iglesia virgen…”(De sancta virginitate 4).

Nació de Ella el Hijo de Dios, Aquel que no tenía madre desde la eternidad quiso buscar una en el tiempo, y Aquel que tenía Padre desde lo eterno no quiso tener padre terreno, así nació Jesús El Salvador, con Padre eterno y Madre en el tiempo. San Anselmo decía que el Padre y la Madre tienen un Hijo en común; fórmula atrevida pero real. El Padre según la eternidad, la Madre en el tiempo… Cristo nace con verdadera carne del Inmaculado Corazón de María. Toma de Ella algo para poder ofrecer por nosotros. Ese Corazón nace de un Corazón Virgen y humilde, para mostrar el Amor verdadero a todos los hombres. El Corazón de Jesús no puede no matrizar, toda su carne es un similar a María en versión masculina. En los milagros eucarísticos cuando se hace el estudio de la sangre de Cristo, se pueden solamente estudiar los cromosomas que han venido de la mujer, pero no pueden ser abiertos aquellos que vienen del varón, porque no los posee…otro dato interesante que nos provee la ciencia es que el embrión genera células estaminales que se alojan en la médula de la madre, y hacen que se produzcan linfocitos y estos actúan como inhibidores de hormonas en la mamá para que el embrión no sea tomado como algo que sea rechazado por el organismo…el Profesor Mancuzo refiere todo esto y se podría concluir: El cuerpo de la Virgen, a su vez, recibió las células estaminales de su Hijo y las alojó en su 39 médula espinal y produjo, como cualquier otra mujer, linfocitos a partir de esas células estaminales. Pero su mapa genético, su genoma, no se modificó por la presencia de su Hijo en sus entrañas, de la misma manera que una mujer no modifica su mapa genético al quedar embarazada…(Cf. catholic.net/cristo-la-virgen-y-su-codigo-genetico.html). Pero sabemos que el embrión en el seno de la madre se nutre continuamente de la sangre de la madre. Vemos esta mutua relación biológica tan importante entre la madre y el hijo y, el hijo y la madre, que sorprende desde el punto de vista científico.

San Juan Eudes hablando de esta relación de los Corazones decía: “Esta Madre admirable proporcionó también la carne y la sangre para formar el corazón del Niño Jesús; Corazón que tomó su alimento y crecimiento de esa misma sangre, durante los nueve meses de su permanencia en las benditas entrañas de la Virgen, y de su leche virginal en sus primeros años” (Los Sagrados Corazones de Jesús y de María, p. 14).

Pero si esto admira, mucha más es la relación moral de unidad entre este Hijo que es Jesús y su Madre. Porque no solamente tienen una unidad de dependencia mutua; la Madre dependerá del Hijo Verbo divino; no sólo en todo lo que es como ser creatural, sino como ser divinizado por la gracia; pero a su vez, el Hijo quiso depender en su aspecto biológico, humano natural, en todo lo que la Madre le podía dar, vida, alimento, educación, etc…esta mutua dependencia hace que ésta relación materno-filial se haga única en todas su dependencias. La Virgen Madre entendió de qué se trataba su Hijo en el momento que el Arcángel Gabriel la saluda y le explica la magnitud de su Concepción, que conservando su virginidad iría a engendrar al Hijo del Altísimo…pero debemos agregar, que Ella, iluminada por el Espíritu Santo, también entiende que se trata del Mesías sufriente, y por lo mismo a partir de allí, es una concepción virginal, pero además asociada moralmente a la entrega total de sí misma en todo aquello que pediría Dios de Ella y de su Hijo. La conciencia de María en ese momento estaba suficientemente informada de lo necesario, para entender que se trataba del Mesías sufriente…Esto constituye en una entrega total al servicio de la obra de la Redención…La participación de María desde el primer instante de la concepción del Hijo de Dios en su seno, fue en todo sentido activamente consciente…esto la coloca en unidad de proyecto con su Hijo. Todo esto lo habría entendido seguramente, cada vez mejor a lo largo de su vida conjuntamente con Jesús; es por ello que nos dicen los Evangelios, que María guardaba todas las cosas en su Corazón. Unidad biológica sin precedentes…, como hemos visto, pero además unidad moral, los dos Corazones entienden lo mismo, el de Jesús se ocupa de enseñar al Corazón de la Madre en todo lo referente a la obra que venía a realizar en nombre de su Padre.

Por lo mismo no podía faltar María al pie de la Cruz, porque donde estuviese la obra engendradora del Hijo de Dios, debía estar la obra engendradora de la Madre unida a la de Él. Por Ella había venido el Salvador, por Ella quiere entregar el efecto de su Redención, por eso la constituye además de Madre espiritual, Corredentora del género humano. Podríamos decir que por ambos fuimos salvados, por ambos fuimos engendrados a la vida de Dios. Pero debemos aclarar que la obra de María siempre es secundaria y subordinada a la de Jesús. Si estuvieron unidos en la tierra estos dos Corazones, también lo están en el cielo. Íntimamente ligados el uno al otro…Todo lo que nos hace entender que no hay obra que pase del cielo a la tierra que ambos Corazones no la conozcan y no estén de acuerdo. Todo lo que quiere María, también lo quiere Jesús…

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