
Por el principio siempre fecundo de la unión que existe, después de la Encarnación, entre Cristo y sus miembros. Los Santos son los miembros gloriosos del Cuerpo místico de Cristo: Cristo está ya «formado en ellos»; ellos «han conseguido su plenitud», y alabándolos a ellos, Cristo es glorificado en ellos. «Alábame, decía Cristo a Santa Matilde, porque soy la corona de todos los Santos». Y la santa monja veía toda la hermosura de los escogidos alimentarse en la Sangre de Cristo, resplandecer con las virtudes por Él practicadas, y ella, dócil a la divina recomendación, honraba con todas sus fuerzas a la bienaventurada y adorable Trinidad «por haberse dignado ser la admirable gloria y corona de los santos» (Libro de la gracia especial, P. I, c. 31).
ORIGEN DE ESTA FIESTA
El origen de esta fiesta se remonta a la dedicación para el culto cristiano, del Panteón de Roma. Efectuóla el Papa Bonifacio IV, trasladando a él reliquias de los mártires de las Catacumbas y poniéndolas bajo la protección de Santa María y de los Mártires, a quienes se festejó el 13 de mayo, a partir del año 610. En algunas partes existía por entonces una fiesta parecida en honor de Todos los Santos, fijada por Gregorio IV, en 835, el 1 de noviembre. El Papa San Gregorio VII juntó las dos fiestas en una, y resultó, por fin, la actual de Todos los Santos, con el carácter de homenaje colectivo de la Iglesia Peregrina a la Iglesia Triunfante.
Escucha la prédica del Pbro. Ricardo Coll Mónico, AIC en la Solemnidad de Todos los Santos del 01 de noviembre de 2024
Deja un comentario