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¿Qué es el Carnaval?

El Carnaval no forma parte de la Cuaresma, ni de la tradición de la Iglesia, a pesar de que una precede a la otra; La palabra «Carnaval» se originó en el siglo XV en Italia, específicamente en la ciudad de Venecia, en ese momento, se utilizaba el término «carne vale» (adiós a la carne) para describir lo que se llevaba a cabo antes de la Cuaresma, un “despedida” de todo lo que iban a abstenerse durante la Cuaresma, desviando y desvalorando de esta forma, la actitud que se debe tomar como preparación para entrar al tiempo de Cuaresma. La palabra «Carnaval» proviene del latín «carne vale«, que significa «adiós a la carne«, donde la gente antes de iniciar el período de ayuno y abstinencia de la Cuaresma, se “despedía”, disfrutando en exceso de la comida (especialmente la carne) y la bebida. Con el paso del tiempo, el Carnaval ha incorporado actividades de otras costumbres paganas, incrementado cada vez más los excesos, llegando al grado, en algunos casos, de burlarse de la Fe Cristiana, o inclusive directamente de la persona de nuestro Señor Jesucristo. El sentido del Carnaval es totalmente opuesto al de la Cuaresma y por lo tanto incompatible con los valores cristianos, pues podemos ver:

  • La excesiva indulgencia en la comida, la bebida y la diversión
  • La promoción de la lujuria y la sensualidad
  • La glorificación de la vanidad y la superficialidad

Y no hay que perder de vista que en el Carnaval existen dos rituales, uno al inicio, ritual de la “quema del mal humor”, y el otro para concluir el carnaval con la “quema de Juan Carnaval”. Dos rituales, que aunque se diga que es en forma simbólica, culmina cada uno con el sacrificio de un personaje, el mal humor en el primero y Juan Carnaval en el segundo; “Los hombres pueden jugar, pero los demonios no juegan”, frase con la que San Agustín nos advierte la seriedad con la que debemos tomar cada acción, pues estamos, desde el inicio de la humanidad en una guerra espiritual, por lo que no hay que tomar a la ligera acciones que abren puertas al maligno.

El Capítulo 10 de la 1ª carta a los Corintios San Pablo puede dar mayor claridad a lo que intentamos transmitir:

01Porque no deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; 02y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. 03También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. 04En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. 05A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. 06Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. 07No adoren a falsos dioses, como hicieron algunos de ellos, según leemos en la Escritura: El pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantó para divertirse. 08No forniquemos, como algunos de ellos, y por eso, en castigo, murieron veintitrés mil en un solo día. 09No provoquemos al Señor, como hicieron algunos de ellos, y perecieron víctimas de las serpientes. 10No murmuren, pues, como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del exterminador.

11Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. 12Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! 13Hasta ahora, ustedes no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla. 14Por esto, queridos míos, eviten la idolatría. 15Les hablo como a gente sensata; juzguen ustedes mismos lo que voy a decirles. 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? 17Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan. 18Pensemos en Israel según la carne: aquellos que comen las víctimas, ¿no están acaso en comunión con el altar? 19¿Quiero decir con esto que la carne sacrificada a los ídolos tiene algún valor, o que el ídolo es algo? 20No, afirmo sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios. Ahora bien, yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios. 21Ustedes no pueden beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la mesa del Señor y a la mesa de los demonios. 22¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Pretendemos ser más fuertes que él?

Invitamos a la reflexión en estos temas, sin buscar engañarse o justificarse, recuerden que podemos engañarnos a nosotros mismos o a los hombres, pero no a Dios, tomen en consideración el último versículo del pasaje de San Pablo:

23«Todo está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo está permitido», pero no todo es edificante.

Cualquier cuestión, por difícil que sea, tiene una solución muy fácil, si se examina correctamente en la pasión de Cristo, en la Cruz está la respuesta” – Juan Duns Escoto

Unidos en Oración por el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

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