Compartimos las visiones y advertencias que nos hicieron algunos Santos sobre el Carnaval, tiempos de excesos, contrario a lo que se debe hacer, como preparación para entrar al tiempo de Cuaresma, “El demonio es como un perro rabioso atado a una cadena, no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena; entonces, mantente lejos de él” – San Pio de Pietrelcina

Santa Margarita María de Alacoque
En una carta escrita el 17 de enero de 1690, Santa Margarita escribió que durante carnaval “¡le ofenden y abandonan tantos pecadores! Me parece que de tal modo es éste mi tiempo de dolor y amargura, que no puedo ver ni gustar otra cosa que a mi Jesús doliente y abandonado”.
“Los tres días de Carnaval hubiera querido hacerme pedazos para reparar los ultrajes que hacen sufrir los pecadores a Su Divina Majestad; y en cuanto me era posible, los pasaba ayunando a pan y agua, dando a los pobres lo que recibía para mi alimento”, expresó la santa en uno de sus escritos autobiográficos.

Beata Ana Catalina Emmerich
Tuvo una visión en la que vio al demonio disfrazado de rey del Carnaval, rodeado de personas que se divertían y se emborrachaban. En su visión, el demonio se reía y se regocijaba de la forma en que las personas se dejaban llevar por sus pasiones y se olvidaban de Dios.
Los días de carnaval eran para ella días de terribles sufrimientos, a causa de los pecados que se cometen en esos días. Sobre esto declara lo siguiente: Dios me hace ver todas las abominaciones y el libertinaje y las trampas tendidas por el diablo.

San Juan Bosco
Tuvo una visión en la que vio a un grupo de jóvenes que se divertían en un baile de Carnaval. En su visión, el demonio se apareció disfrazado de músico y comenzó a tocar una melodía que hipnotizó a los jóvenes, llevándolos a cometer pecados y a olvidarse de Dios.
Él advirtió que el Carnaval puede llevar a la juventud a cometer pecados y a perder su inocencia.

San Pio de Pietrelcina
Tuvo una visión en la que vio a un grupo de personas que se divertían en un baile de Carnaval. En su visión, el demonio se apareció disfrazado de payaso y comenzó a reírse y a burlarse de las personas, llevándolas a cometer pecados y a olvidarse de Dios.

Santa Faustina Kowalska
En su Diario escribió:
188 En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi al Señor Jesús sufriendo la flagelación. ¡Oh, que suplicio inimaginable! ¡Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación! Oh pobres pecadores, ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto? Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse. Y vi en la espalda algunos de sus huesos descarnados… Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.
926 9/feb/1937. Últimos días de carnaval. En estos dos últimos días de carnaval he
conocido una enorme cantidad de penas y de pecados. En un instante el Señor me
hizo saber los pecados cometidos estos días en el mundo entero. Me he desmayado
de espanto, y a pesar de conocer todo el abismo de la Divina Misericordia, me he
sorprendido de que Dios permita existir a la humanidad. Y el Señor me dijo quién
sostiene la existencia de la humanidad: son las almas elegidas. Cuando acabe el
número de los elegidos, el mundo dejará de existir.
1619 (17) + Dos últimos días del carnaval. Aumentaron mis sufrimientos físicos. Me uní
más estrechamente al Salvador doliente pidiéndole misericordia para el mundo entero,
desenfrenado en su maldad. Durante todo el día sentí el dolor de la corona de espinas.
Al acostarme no pude apoyar la cabeza en la almohada; sin embargo, a las diez los
dolores cesaron y me dormí, pero al día siguiente me sentía agotada.
El Catecismo de la Iglesia Católica menciona lo siguiente:
1868 El pecado es un acto personal. Pero nosotros tenemos una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos a ellos:
— participando directa y voluntariamente;
— ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos;
— no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo;
— protegiendo a los que hacen el mal.
1869 Así el pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros, hace reinar entre ellos la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las “estructuras de pecado” son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un “pecado social” (cf RP 16).
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