
«Este es el Misterio de la fe». Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después del gran milagro que se da en la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana.
Es «Misterio de fe«, porque en ella todo permanece oculto y misterioso: en primer lugar está el oferente, que puede ser un sacerdote santo o pecador; pero tanto si es un santo como si es un pecador, quien actúa en el momento de la consagración es el mismo Cristo, diciendo: «ESTO ES MI CUERPO… ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE…» Porque en aquel momento es el mismo Cristo quien habla y se ofrece al Padre por el ministerio del sacerdote. En segundo lugar está la Víctima, que permanece aún más oculta y misteriosa. El sacerdote consagra pan y vino, y sabemos por la fe que en el momento de la consagración desaparece el pan y el vino y en su lugar aparece Jesucristo. Sin embargo, nuestros ojos siguen viendo allí el pan y el vino que ya no existen, y no podemos ver a Jesucristo.
Los numerales 1374 al 1377 del Catecismo de la Iglesia Católica, nos enseñan que en la Sagrada Eucaristía está plena, total y realmente nuestro Señor Jesucristo:
- 1374 El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella «como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos» (S. Tomás de A., s. th. 3, 73, 3). En el santísimo sacramento de la Eucaristía están «contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero» (Cc. de Trento: DS 1651). «Esta presencia se denomina «real», no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen «reales», sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente» (MF 39).
- 1375 Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los Padres de la Iglesia afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión. Así, S. Juan Crisóstomo declara que:
- No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas (Prod. Jud. 1,6).
- …
- 1377 La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (Cf. Cc. de Trento: DS 1641).
- …
- 1381 «La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice S. Tomás, sino solo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios”. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”, S. Cirilo declara: “No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente” (S. Tomás de Aquino, s. th. 3,75,1, citado por Pablo VI, MF 18):
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