La lectura del Evangelio del 23 de marzo de 2025, incluyó la siguiente parábola ««Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’»«; existe una historia del Padre Steven Scheier (la cual la pueden buscar en internet) el cual dio su testimonio en el programa EWTN, menciona el Padre Steven que sufrió un accidente automovilístico y quedó tirado en la calle, con el cuello fracturado, y fue declarado muerto. Sin embargo, después de 45 minutos sin pulso, su corazón comenzó a latir de nuevo, y se despertó sin daños.
Asombrosamente y contra todo pronóstico, el padre Scheier sanó rápidamente y a los meses estaba nuevamente ofreciendo la Santa Misa. En una de sus misas le tocó leer la parábola de la Higuera, y mientras estaba en la lectura del Evangelio, las palabras parecieron cobrar vida asustándole intensamente, y empezó a recordar todo lo que vivió momentos después del accidente, cuando ya le habían declarado sin vida… El Padre Steven menciona que se encontró en un lugar que no conocía y estaba en una conversación cuyas palabras llegaban poco a poco a su mente… Estaba frente a Jesús, no podía verlo, pero lo escuchaba y su espíritu sabía con quien estaba hablando, estaba en su Juicio Divino. Oía la voz de Jesús que le mencionaba todas sus faltas, a lo cual no podía negar ninguna, pues estaba frente a frente a la VERDAD, y ante la verdad no hay excusa válida, por lo que no hay forma de mentir o evadir la culpa. El resultado era más que evidente, «CULPABLE»….
En su testimonio menciona que Jesús le dijo:
—Has sido por 12 años un sacerdote para ti y no un sacerdote para mí. Y tu sentencia es el infierno.
—Está bien –Reconociendo que era lo justo en su sentencia.
Entonces, -menciona el Padre Steven- escuchó la voz dulce de una mujer que intercedía por su alma y le decía a nuestro Señor:
—Hijo mío, ¿y si le damos gracias especiales y fuerzas para que dé frutos?
Jesús le respondió:
—Merece su castigo. Es lo que ha cosechado.
Pero la mujer insistió y le pidió que le dejara a ella el cuidado de su alma, y al final él accedió y le dijo:
—Es tuyo madre.
Y menciona el Padre Steven que desde entonces «Es suyo«.
El Padre Scheier ha compartido su testimonio en numerosas ocasiones, y ha escrito varios libros sobre su experiencia. Según él, su resurrección fue un milagro que le ha permitido vivir una vida más plena y más dedicada a Dios. También ha dicho que su experiencia le ha enseñado la importancia de la oración y la intercesión de los santos y muy en particular dentro del Juicio personal, la intercesión de nuestra Santísima Reyna del cielo, la Virgen María.
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