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Almas Víctimas

Monseñor Ottavio Michelini, siendo ya una persona mayor, al retirarse, fue a vivir sus últimos años como sacerdote, recibiendo entre 1975 y 1979 (fecha de su muerte) los mensajes de Cristo para este mundo tan alejado de Dios, al final dejaremos el audio de la Homilía del Padre Jorge Hetze, AIC, del 21 de marzo de 2025, que habló sobre este mensaje dado a Mons. Ottavio.

30 de Noviembre de 1976 – ALMAS VÍCTIMAS

Hijo mío, escribe:
¿Quiénes son las almas víctimas? ¿Cuál es el fin de las almas víctimas?
¿Por qué las almas víctimas no son conocidas, sino por poquísimas almas? ¿Por que las almas víctimas incurren frecuentemente en la aversión o incomprensión y a veces persecución de quienes, por razón de lógica, las deberían comprender y apoyar en todas las formas?

¿Quiénes son?
Las almas víctimas son almas elegidas y escogidas por el Cielo, por la Divina Trinidad, de la que se convierten en hijas y esposas; son las almas más amadas del Padre y más íntimamente unidas al Hijo y al Espíritu Santo.
Son las almas que, generosamente, con frecuencia he­roicamente, hacen a Dios don de su vida humana condi­cionando toda su vida a la Divina Voluntad, no queriendo sino lo que Dios quiere de ellas, no deseando sino sólo a Dios, verdadero, único y gran bien, Alfa y Omega de todo y de todos, ofreciéndose e inmolándose a si mismas por amor a Dios, Supremo Bien, razón y fin de nuestra vida, para reparar las ofensas propias y las de los demás.

¿Qué hacen? Suben con Cristo a la Cruz
Las almas víctimas son almas privilegiadas que únicamente piden no sólo poder seguir a Cristo, según Sus pa­labras: “quien quiera venir en pos de Mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame”, no sólo se contentan con seguir a Cristo en el camino del Calvario, sino que suben con Cristo hasta la Cruz.
Son almas valerosas, heroicas y generosas, son las al­mas que sienten profundamente la socialidad de la Iglesia y sobre todo de la Iglesia debilitada y por esto se ofre­cen.
Las almas víctimas son las almas iluminadas que han comprendido que no puede haber amor a Dios ni a los hermanos sin el sufrimiento, son las más fieles y auténti­cas intérpretes y realizadoras de los dos mandamientos del Amor.
Las almas víctimas son las que, elevándose por enci­ma de la densa oscuridad que envuelve a la humanidad, quieren elevarse y de hecho se elevan arriba a lo alto, por encima de la atmósfera contaminada y corrompida de esta humanidad materialista, y aun caminando en la tierra, sus almas y sus pensamientos están arriba en el cielo, dirigidos todos a Dios, con Dios y en Dios.
Las almas víctimas son los pararrayos de la humani­dad; ¡ay de los hombres, ay de la tierra si no hubiera al­mas víctimas! La Justicia Divina habría ya recorrido su inexorable camino incinerando todo y todos.

¿Por qué son tan poco conocidas?
Hijo mío, porque el verdadero bien, la verdadera vir­tud es esquiva de la publicidad, del rumor del mundo, de los modos de vivir del mundo; por esto aman vivir en el retiro, en el escondimiento, en el silencio para estar prontas siempre a captar la voz y las luces que vienen de lo alto, para poder uniformarse a la Divina Voluntad que las quie­re, sí en el mundo, pero escondidas a los ojos de los que no las saben ni las pueden comprender y porque ellas, ena­moradas de Dios, no podrían desarrollar su coloquio con Dios sino en su humilde reserva.
Aún son poco conocidas, hijo mío, porque los hombres al no comprenderlas a sus ojos aparecen como locas e in­sensatas, así el mundo no las ama sino que muy frecuente­mente las desprecia, se ríe de ellas y las evita, pero en rea­lidad las teme y a menudo las rechaza porque su heroica abnegación suena a severa condena y a justa advertencia que las con­ciencias taradas no toleran.

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