
La cruz es fundamental en la vida cristiana, representa el sacrificio y la entrega de Jesucristo por la humanidad,»24Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. 25Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará» (Mt 16:24-25). Sin embargo, la cruz es una realidad que cada cristiano debe enfrentar en su vida diaria y sólo a través de ella podemos crecer en la virtud y en la santidad, «donde unos ven problemas, otros ven oportunidades para alcanzar la Santidad«.
La cruz no es solo un símbolo de sufrimiento y dolor, sino también un camino de santidad y crecimiento. San Pablo escribió que «los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (Gálatas 5:24). La cruz nos llama a morir a nosotros mismos y a vivir para Dios, a dejar atrás nuestros propios deseos y egoísmos y a seguir a Cristo en la humildad y la obediencia «26¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?» (Mt 16:26).
La Tentación de Huir de la Cruz
La cruz puede parecer ser un obstáculo muy difícil de superar, y cuando nos sentimos abrumados por la cruz, podemos sentir la tentación de huir de ella y de buscar una vida más fácil y cómoda. San Agustín escribió que «la cruz es un peso que nos hace caminar hacia Dios, pero también es un peso que nos hace sentir el peso de nuestra debilidad» (Confesiones, Libro X, Capítulo 43). La tentación de huir de la cruz puede ser fuerte, pero debemos recordar que la cruz es parte fundamental de la vida cristiana «21«Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme.»» (Mt 19:21).
La perseverancia en la cruz es fundamental para crecer en la virtud y en la santidad. Santa Teresa de Ávila escribió que «la perseverancia es la que hace que la cruz sea fructífera» (Cartas, Carta 143). La perseverancia nos permite superar los obstáculos y las dificultades, y nos hace crecer en la fe y en la confianza en Dios, recordemos las palabras de Nuestro Señor Jesucristo «28Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. 29Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. 30Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.» (Mt 11:28-30). San Juan de la Cruz escribió que «la cruz es un fuego que purifica y transforma el alma» (Noche Oscura del Alma, Libro II, Capítulo 5). La cruz no sólo nos permite crecer en la virtud y en la santidad, sino que nos hace más semejantes a Cristo.
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