
El 6 de agosto de 1945, la ciudad de Hiroshima, Japón, fue devastada por la explosión de la primera bomba atómica utilizada en guerra. La catástrofe causó la muerte instantánea de miles de personas y dejó una huella imborrable en la historia. En medio de esta tragedia, un grupo de cuatro sacerdotes jesuitas que vivían en Hiroshima experimentaron un milagro que ha sido considerado un signo de la protección divina. Estos sacerdotes, que vivían la Espiritualidad de Fátima, rezaban diariamente el Santo Rosario, y sobrevivieron a la explosión de la bomba atómica de manera inexplicable.
A pesar de que la casa parroquial se encontraba a solo 1,4 kilómetros del epicentro de la explosión, los cuatro sacerdotes jesuitas sobrevivieron con lesiones relativamente leves. La proximidad a la explosión y la falta de protección deberían haberles causado heridas mortales, pero de alguna manera, no sufrieron daño alguno. Los sacerdotes jesuitas atribuyeron su supervivencia a la protección de la Virgen de Fátima, a quien rezaban diariamente el Santo Rosario. “Sobrevivimos”, explicaba el p. Hubert Schiffer, “porque estábamos viviendo el mensaje de Fátima: rezábamos el Rosario diariamente, en esa casa”.
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