
El perdón es un proceso complejo y multifacético que implica dejar ir el resentimiento, la amargura y la ira hacia alguien que nos ha hecho daño. Es un tema que ha sido estudiado y reflexionado por filósofos, psicólogos y teólogos a lo largo de la historia. Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio según San Mateo 18:21-22 nos indica cuántas veces debemos perdonar a nuestros hermanos “21Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» 22Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»”. Pero ¿es fácil perdonar?. El rencor es un veneno que daña el espíritu y corrompe nuestra vida, nuestra tranquilidad, y ese sentimiento, nos va alejando de Dios, a quien en muchas ocasiones culpamos y responsabilizamos de nuestro dolor. El perdón es un proceso de sanación, y con la ayuda de Dios, podemos lograr perdonar de una manera perfecta, pues Dios nos acompañará, si se lo permitimos, durante todo el proceso del perdón, sólo con Dios podremos alcanzar esa libertad, y quitarnos esa carga pesada del rencor que sólo nos hace daño.
Tipos de Perdón
Existen diferentes tipos de perdón, cada uno con sus propias características y desafíos:
- Perdón condicional: Es el perdón que se ofrece a cambio de algo, como una disculpa o una compensación.
- Perdón incondicional: Es el perdón que se ofrece sin condiciones, sin esperar nada a cambio.
- Perdón intercesorio: Es el perdón que se pide a Dios por alguien que ha cometido un error o un pecado.
Beneficios del Perdón
El perdón puede tener muchos beneficios, pero quien más se beneficia con el perdón es la persona que la otorga:
- Liberación emocional: El perdón libera a la persona que lo otorga de las emociones negativas asociadas con el daño.
- Crecimiento personal: El perdón promueve el crecimiento personal y la madurez emocional.
- Paz interior: El perdón puede traer paz interior y tranquilidad a la persona que lo otorga.
- Restauración de la relación: El perdón puede restaurar la relación entre la persona que ha cometido el error y la persona que ha sido lastimada.
La misericordia es la imagen de Dios, y nosotros como sus hijos estamos llamados a ser como Él. Sin embargo, en algunas ocasiones se nos hace difícil perdonar, sobre todo cuando hemos sido heridos profundamente, ¡especialmente por nuestros seres queridos! No obstante, Jesucristo fue capaz de perdonar, aun cuando fue profundamente herido, torturado e incluso asesinado por aquellos a los que Él amaba. Lo anterior, se debe a que el perdón es divino, y es una gracia que podemos recibir si la pedimos. Es importante hacer un acto de contrición, y orar para pedir perdón a Dios. Además de esto, es importante pedir la reconciliación y la fuerza para perdonar. San Pablo, en su carta a los Efesios, nos recuerda la importancia de evitar que los conflictos duren mucho tiempo. “Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados” (Efesios 4:26)
Oración para aprender a perdonar y pedir perdón
“Padre, me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados.
Me acerco a ti con absoluta confianza, porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador. (Ezequiel 33:11)
A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso, y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirme y pedir perdón, para desbordar la abundancia de tu misericordia.
"Cuando confesamos nuestros pecados, Dios, fiel y justo, nos los perdona." (1 Juan 1:9).
Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre queriendo atraerme con lazos de un amor infinito.
Padre, perdóname, quiero recibir el abrazo eterno.
tu enseñanza es muy clara: para ser perdonados y poder entrar en el reino de los cielos debemos tener un corazón como el tuyo.
"Perdonad y se os perdonará." (Lucas 6:36).
"El que odia a su hermano es un homicida." (1 Juan 3:15).
"Con la medida que midiereis se os medirá." (Mateo 7:2).
"Si no perdonáis, tampoco el Padre os perdonará." (Marcos 11:23).
Nos pides que seamos buenos cristianos por la práctica de la caridad evangélica.
Que seamos benévolos con quienes nos han hecho daño, con quienes nos han ofendido, nos han traicionado y nos odian, pues de otro modo no mereceremos que lo seas tú con nosotros.
El siervo al que se le condonó su deuda, cuando no quiso él hacer lo mismo con otro que le debía, fue encarcelado.
Perdió el perdón que había obtenido al no ser él capaz de perdonar. (Mateo 18:23-25).
Padre, envía tu Espíritu de amor y perdona mis pecados, purifícame, sáname, restáurame, renuévame con la sangre redentora de tu Hijo; ayúdame a tener un corazón como el suyo, un corazón humilde y generoso capaz de perdonar, arranca de mí el corazón de piedra y dame un corazón de carne. Amén”
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