
¿Toda repetición es vana? esta pregunta nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza de la oración y la relación con Dios, en el Evangelio Según San Mateo 26:44, dice «Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras.«, y en el Evangelio Según San Marcos 14:39 dice «Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras.» vemos que Nuestro Señor Jesucristo oraba repitiendo las mismas palabras, lo que nos lleva a decir que no toda repetición es necesariamente vana.
En el huerto de Getsemaní, Jesús ora intensamente, repitiendo las mismas palabras: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39). Esta repetición no es una muestra de duda o falta de fe, sino más bien una expresión de la intensidad de su oración y su entrega a la voluntad de Dios. En el amor humano, la repetición de palabras y gestos es una forma de expresar la profundidad de nuestros sentimientos, ¿no Decimos acaso «te amo» repetidamente a la persona amada? y esto no es vano, sino que muestra la sinceridad y la intensidad de nuestro amor. De manera similar, la repetición en la oración puede ser una forma de expresar nuestra entrega y amor a Dios.
San Agustín de Hipona reflexionó sobre la repetición en la oración, diciendo: «La repetición en la oración no es para informar a Dios de algo que no sabe, sino para impresionar en nuestro corazón la verdad que profesamos«. Esto nos muestra que la repetición en la oración no es para cambiar la mente de Dios, sino para cambiar nuestra propia mente y corazón.
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