
El demonio existe, y es una verdad que enseña la Iglesia Católica, el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos en su rebelión y por propia decisión, se hicieron a sí mismos malos, y, pueden verse detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres (Adán y Eva) al existir una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (numerales del 391 al 195 del CIC); la existencia del demonio y su acción en el mundo es un tema que ha sido debatido y estudiado por teólogos, filósofos y expertos en espiritualidad durante siglos. Aunque la idea del demonio puede parecer antigua y supersticiosa para algunos, la realidad es que la acción del demonio es una realidad espiritual que sigue siendo relevante en la actualidad.
La acción ordinaria y la naturaleza del demonio
Los demonios son ángeles caídos que se rebelaron contra Dios y fueron expulsados del paraíso (Ap 12:04,07-09). Son seres espirituales que buscan destruir la relación entre Dios y los seres humanos. La acción ordinaria del demonio se refiere a las formas en que el demonio actúa en la vida cotidiana de las personas. Aunque el demonio no tiene poder sobre los seres humanos, puede influir en sus pensamientos, emociones y acciones de varias maneras:
- Tentación: El demonio puede tentar a las personas para que cometan pecados y se alejen de Dios.
- Desánimo: El demonio puede desanimar a las personas y hacer que se sientan sin esperanza o sin propósito.
- Confusión: El demonio puede crear confusión y duda en las personas, haciéndoles cuestionar su fe y sus valores.
- Aislamiento: El demonio puede aislar a las personas de sus seres queridos y de la comunidad, haciéndoles sentir solas y sin apoyo.
Aunque la acción del demonio puede ser sutil y difícil de detectar, hay algunas señales que pueden indicar su presencia:
- Pensamientos negativos: Pensamientos persistentes de desánimo, ansiedad o ira pueden ser una señal de la acción del demonio.
- Sentimientos de culpa o vergüenza: Sentimientos intensos de culpa o vergüenza pueden ser una señal de la acción del demonio.
- Dificultad para orar o meditar: Dificultad para orar o meditar puede ser una señal de la acción del demonio.
- Sentimientos de aislamiento o soledad: Sentimientos intensos de aislamiento o soledad pueden ser una señal de la acción del demonio.
Sin embargo, no estamos indefensos ante estos seres, Dios nunca abandona y existen varias formas que nos permiten combatir la acción ordinaria del demonio:
- Oración: La oración es una forma poderosa de protegerse de la acción del demonio.
- Meditación: La meditación puede ayudar a calmar la mente y a protegerse de los pensamientos negativos.
- Sacramentos: Los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, pueden proporcionar protección espiritual.
- Comunidad: La comunidad y el apoyo de otros creyentes pueden proporcionar protección espiritual.
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