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¿Sanos? O Santos

En nuestra búsqueda de Dios, a menudo nos enfocamos en la sanidad y el bienestar físico, y no es que esté mal, sin embargo, la Biblia nos enseña que Dios tiene una prioridad diferente para nosotros: la santidad. No es que Dios no quiera sanarnos, pero su objetivo principal es que nos salvemos y vivamos una vida santa. La sanidad se refiere a la restauración de nuestra salud física o emocional, mientras que la santidad se refiere a la transformación de nuestro corazón y nuestra vida para reflejar la naturaleza de Dios. La sanidad es importante, pero no es el objetivo final de nuestra fe. La santidad, por otro lado, es el propósito principal de nuestra vida cristiana.

La salvación es el regalo más grande que Dios nos ofrece. No solo se trata de escapar del infierno, sino de vivir una vida plena y significativa en unión con Dios. La santidad es la clave para experimentar esta vida plena. Cuando nos enfocamos en la santidad, estamos permitiendo que Dios nos transforme y nos haga más como Jesús. La Biblia nos enseña que la santidad es la voluntad de Dios para nosotros. En 1 Tesalonicenses 4:3, Pablo escribe: «La voluntad de Dios es que seáis santos». En Hebreos 12:14, se nos dice que debemos «seguir la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». La santidad es la condición necesaria para ver a Dios y experimentar su presencia en nuestra vida.

Priorizar la santidad no significa que no debemos buscar la sanidad. Sin embargo, significa que debemos enfocarnos en la transformación de nuestro corazón y nuestra vida, en lugar de solo buscar la sanidad física. Algunas formas de priorizar la santidad:

  • Vida de Gracia: Con la oración y la reflexión que son fundamentales para crecer en la santidad, tomar tiempo para hablar con Dios y reflexionar sobre nuestra vida. También visitar al Santísimo, y cumplir con los mandamientos de la Iglesia de asistir todos los domingos y días de Precepto a la Santa Misa, y participar en el sacramento de la reconciliación.
  • Lectura de la Biblia: La Biblia es la fuente de nuestra fe y nuestra guía para la santidad. Debemos leerla regularmente y aplicar sus enseñanzas en nuestra vida.
  • Comunidad: La comunidad cristiana es esencial para crecer en la santidad. Debemos rodearnos de personas que nos animen y nos apoyen en nuestra búsqueda de la santidad.
  • Servicio: El servicio a los demás es una forma de demostrar nuestra fe y crecer en la santidad. Debemos buscar oportunidades para servir a los demás y reflejar el amor de Dios en nuestras acciones.

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