
San Pío de Pietrelcina, más conocido como el Padre Pío, fue un fraile capuchino que recibió de Dios dones extraordinarios, como los estigmas, la bilocación, el discernimiento de conciencias y una profunda vida de oración. Durante su vida, muchos fieles acudieron a él no solo como confesor y guía espiritual, sino también para pedirle ser sus hijos espirituales, estableciendo un lazo especial de paternidad y acompañamiento en el camino hacia la santidad. Un hijo espiritual del Padre Pío es quien se acoge a su intercesión y protección, confiando en él como guía hacia Dios. Implica un compromiso de oración, vida sacramental y fidelidad a la Iglesia, siguiendo su ejemplo de amor a Cristo y a la Virgen María.
Razones para ser hijo espiritual del Padre Pío
- Intercesión poderosa ante Dios: el Padre Pío fue un hombre totalmente configurado con Cristo. Ser su hijo espiritual significa contar con su intercesión continua desde el cielo, tanto en las luchas cotidianas como en las pruebas espirituales más fuertes.
- Guía segura en el camino de la fe: sus enseñanzas y ejemplo son una brújula firme contra el relativismo, el pecado y la tibieza espiritual. Él mismo decía: “Es mejor arrastrarse detrás de la cruz que caminar con seguridad lejos de ella”.
- Protección contra el mal: por la misión que Dios le confió, el Padre Pío combatió intensamente contra el demonio. Muchos testimonios afirman que sus hijos espirituales gozan de especial protección frente a las tentaciones y ataques del maligno.
- Participación en una familia espiritual: ser hijo suyo significa integrarse en una comunidad espiritual extendida por todo el mundo, unida por la oración, la devoción a la Virgen María y la fidelidad a la Iglesia.
¿Y existen promesas del Padre Pío a sus hijos espirituales?
Aunque el Padre Pío fue muy discreto en este tema, se le atribuyen ciertas promesas que hizo a quienes aceptaba como hijos espirituales:
- “A mis hijos espirituales no los dejaré perderse”.
- “Si llegan al purgatorio, yo no descansaré hasta que estén en el cielo”.
- “Siempre estaré presente junto a mis hijos espirituales, especialmente en la hora de la muerte”.
Estas promesas han sido confirmadas por testigos cercanos y transmitidas en la tradición de sus devotos; pero convertirse en hijo espiritual no es solo recibir un privilegio, sino asumir un compromiso de vida. Sus hijos están llamados a:
- Vivir en gracia: confesarse con frecuencia, comulgar con devoción y evitar el pecado mortal.
- Amar la oración: en especial el Rosario, la adoración eucarística y la meditación de la Pasión de Cristo.
- Practicar la caridad: con obras concretas hacia los pobres, enfermos y necesitados.
- Ser fieles a la Iglesia: obedecer al Papa y a los pastores, como lo fue siempre el Padre Pío.
- Ofrecer sacrificios: unir los propios sufrimientos a la cruz de Cristo, tal como él enseñaba.
¿Cómo hacerse hijo espiritual del Padre Pío?
Durante su vida, el Padre Pío aceptaba formalmente a quienes se lo pedían, muchas veces con un gesto o una palabra sencilla. Hoy, aunque ya no está físicamente en la tierra, la Iglesia reconoce que se puede pedir con fe su protección y declararse espiritualmente hijo suyo. Los pasos recomendados son:
- Orar con fe, pidiendo al Padre Pío que lo acepte como hijo espiritual.
- Hacer una confesión sincera, como él mismo aconsejaba siempre.
- Vivir conforme a sus enseñanzas, especialmente la oración, la Eucaristía y la devoción mariana
En la Tercera Orden San Pio de Pietrelcina, realizarán la novena de preparación del 14 al 22 de septiembre, para que el 23 de septiembre se consagren como Hijos Espirituales del Padre Pio después de la Santa Misa, iniciamos a las 6:30 de la tarde con el rito de noviciado.

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