
Estamos por iniciar la Cuaresma que comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, antes de la celebración de la Cena del Señor, durante 40 días nos debemos preparar para la celebración de la Pascua, que es la fiesta más importante del año litúrgico. La Cuaresma tiene sus raíces en la tradición cristiana primitiva, cuando los catecúmenos se preparaban para el bautismo durante la noche de Pascua. El Concilio de Nicea (325 d.C.) y el Concilio de Laodicea (363 d.C.) son algunos de los primeros testimonios de la práctica cuaresmal. La duración de 40 días se inspiró en los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11) además de que el número 40 tiene un significado bíblico importante, simbolizando un período de prueba, purificación y preparación. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel pasó 40 años en el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida (Números 14,33-34). También, el profeta Ezequiel ayunó 40 días para expiar los pecados del pueblo (Ezequiel 4,6).
Así como nuestro Señor Jesucristo se preparó durante 40 días para iniciar su vida pública, nosotros debemos prepararnos durante 40 días en oración, ayuno y limosna, para prepararnos para la Pascua y para nuestra misión en el mundo. Es un tiempo para reflexionar sobre nuestra vida, reconocer nuestros pecados y buscar la conversión. La Cuaresma es un tiempo de gracia y misericordia, en el que nos acercamos a Dios a través de la oración, el ayuno y la limosna. Es un período para reflexionar sobre nuestra vida, reconocer nuestros pecados y buscar la conversión. La Cuaresma nos invita a despojarnos de todo lo que nos aleja de Dios y a revestirnos de Cristo. La Cuaresma es importante porque nos prepara para la celebración de la Pascua, que es la fiesta de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es un tiempo para profundizar en nuestra fe, para renovar nuestra relación con Dios y para crecer en la santidad. La Cuaresma nos recuerda que somos peregrinos en este mundo y que nuestra verdadera patria es el cielo.
Ahora que se acerca la Cuaresma, es importante que nos preparemos para recibir este tiempo litúrgico con fe y devoción. Podemos hacerlo de la siguiente manera: (1) Reflexionando sobre nuestra vida y reconociendo nuestros pecados (2) Pidiendo perdón y reconciliándonos con Dios y con nuestros hermanos (3) Comprometéndonos a practicar la oración, el ayuno y la limosna, (4) Participando en las actividades cuaresmales de nuestra parroquia o comunidad.
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