El Padre Pío recibe los estigmas de Cristo

Ocurrió en el convento de San Giovanni Rotondo. Después de celebrar la Misa, se retiró al coro a dar gracias ante el crucifijo. Él mismo lo relató así a su director espiritual:
«Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa… se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado».
«Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas»
Con aquel prodigio, se convertía en el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia. Las llagas en manos, pies y costado izquierdo lo acompañarían por 50 años, hasta un día antes de su muerte, ofreciéndolas siempre por la conversión de los pecadores.
No buscó fama. Como decía él: «Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta».
Hoy le pedimos que nos enseñe a cargar nuestra pequeña cruz con amor.San Pío de Pietrelcina, ¡ruega por nosotros!
Deja un comentario